Apuntes sobre “Arquitectura Biológica. La vivienda como organismo vivo”, de Marco Aresta

Por Jorge Bautista

Aresta

«Si, por un lado, la naturaleza se nos presenta delante de manera permanente en nuestro entorno y en nuestro propio cuerpo, por otro lado, como proyectistas necesitamos del dibujo como traductor del conocimiento de la naturaleza para su aplicación en la Arquitectura. El mismo dibujo, como herramienta interpretativa, tiene la prioridad a la hora de descifrar y elegir la naturaleza como entorno (lugar y clima de implantación), como forma (geometrías y proporciones presentes de manera permanente en la naturaleza biológica), como materia (los materiales naturales, sanos y locales) y con el ser humano(sistemas asociativos, cooperativos y horizontales) Las cuatro temáticas que determinan la investigación a nivel de proyecto y a nivel de obra se cruzan y se mezclan en morfologías arquitectónicas, pensadas, sentidas, hechas y direccionadas al ser humano. Tales temáticas del hacer práctico y teórico definen la Arquitectura Biológica.» (Pág. 15)

Arquitectura Biológica. La vivienda como organismo vivo, resulta un título sugerente para aquellas personas que se cuestionan el punto al que ha llegado la arquitectura actual, hecha por un lado por arquitectos-estrella que proyectan con un desprecio explícito por la funcionalidad, olvidándose de las necesidades reales de los usuarios en su dimensión social, económica y ambiental, y por otro lado, por arquitectos anónimos fascinados por el render y lo high-tech, que proyectan aplicando necesidades estandarizadas a los espacios preconcebidos a medida para los muebles de Ikea.

El joven arquitecto Alastair Parvin señala que la arquitectura actual es en realidad el negocio  de diseñar para el 1% de la población mundial con las rentas más altas. ¿Qué ocurre con el resto? Resultan interesantes al respecto las reflexiones de Iwan Baan a partir de su trabajo fotográfico “ Viviendas ingeniosas en lugares inesperados ”, donde muestra cómo los grupos  humanos se apropian y transforman espacios arquitectónicos de una manera totalmente diferente a la planteada en su concepción inicial por sus arquitectos y diseñadores; las formas de habitar se materializan y organizan en un caos aparente, siempre orgánico, producto de las necesidades de sus habitantes, sus actividades y del entorno, ofreciendo soluciones siempre genuinas y originales en cada situación y lugar. Aquí se ve que la arquitectura es algo vivo, creado por y para seres vivos, por y para sus circunstancias, donde el creador en última instancia es el que va a ocupar dichos espacios, y donde el papel del arquitecto profesional y/o del constructor cualificado brilla por su ausencia, y no por ello el resultado es desastroso, sino genuino, efectivo, bello: “[…] los arquitectos no son “creadores de obras”, sino intérpretes de comunidades, lo que exige una importante cuota de humildad y una lucha permanentemente en contra de su ego” (Pág 207)

El párrafo que introduce este texto define de manera resumida el concepto de Arquitectura Biológica, y resume a su vez el contenido del libro, el cual se estructura en esos cuatro pilares/capítulos que conforman la vivienda como un organismo vivo: entorno, forma, materia, ser humano.

No solo la funcionalidad definirá la forma; también el entorno juega un papel crucial a la hora de definir la morfología de una casa: se abre y se expande allí donde haga calor, y se abriga y acurruca en los lugares fríos. En este capítulo se explican los principios del diseño bioclimático aplicado a la vivienda, haciendo una correlación tanto con el ser humano como con el propio planeta Tierra, los cuales tienen sus procesos de equilibrio térmico y armonía ambiental. De la misma manera que un ser vivo busca el equilibrio térmico entre el entorno y su temperatura corporal necesaria, a través de un intercambio de energía del modo más eficiente y óptimo posible para un mayor bienestar y confort, el diseño bioclimático se propone balancear térmicamente los espacios de los que se compone una edificación, evitando el sobrecalentamiento en verano y las pérdidas de calor en invierno. Determinar los factores geográficos, físicos y ambientales es esencial, puesto que para cada clima y lugar corresponde una morfología diferente. Aquí entran en juego las estrategias para la climatización pasiva a partir de los recursos que ofrece la naturaleza (Sol, viento, vegetación, tierra y agua), explicando las pautas a seguir a la hora de elegir la ubicación de la casa en el terreno.

El tema de la geobiología y radiestesia no podría faltar cuando se habla de la integración de la vivienda con el entorno. Asumiendo la controversia que estas disciplinas puedan suponer en el ámbito científico (muchos consideran la radiestesia como una pseudociencia), el autor se basa en su experiencia y los resultados satisfactorios obtenidos para justificar la importancia del estudio sobre cómo afectan a los seres humanos las radiaciones naturales que emanan de la Tierra así como de las artificiales generadas por el ser humano, todo ello en base a un manejo intuitivo y sensible de la información.

La geometría ocupa un lugar importante en el capítulo dedicado a la forma. Aunque ha sido secuestrada en los últimos tiempos en el contexto de la bioconstrucción y de la bioarquitectura con el atributo desagrada, en el libro aparece despojada de todo ese halo de misticismo y misterio relacionado con lo divino o con la evocación de cualquier otro estado físico o mental que no provenga de lo sutil y orgánicamentesentido. Y es que se siente con el cuerpo y con la mente intuitiva en simbiosis, sin que ésta última se imponga con conceptos, pretextos o ambiciones: Sentir y pensar se concreta en el Hacer. Sin olvidar la carga simbólica y arquetípica en el imaginario colectivo que presentan algunas formas geométricas determinadas como por ejemplo la espiral o el laberinto, Aresta, desde el rigor científico como punto de partida, se sirve de la geometría como herramienta capaz de traducir aquellas formas presentes en la naturaleza biológica y que resulten saludables y naturalmente eficientes desde el punto de vista estructural y espacial, para aplicarlas en los espacios que habitamos como seres vivos que somos. Ahora bien, no es la rigurosa aplicación exacta de estas geometrías en el proyecto arquitectónico el fin último, al plantearse el autor la interesante pregunta: “¿Cómo podremos mantener una proporción o geometría de la naturaleza de manera rigurosa si esa misma geometría es una construcción/interpretación del ser humano y solamente una manera de aproximarse a las formas de la naturaleza para poder comprender?”(Pág 74). Concretar Espacios Biológicos surge más bien de la libre búsqueda intuitiva de formas orgánicas dadas a partir de los propios movimientos del cuerpo de cada individuo y de las necesidades de cada familia o comunidad (proporciones vivenciales) que la aplicación rigurosa de las geometrías de la naturaleza, puesto que no existen con exactitud esas geometrías en la naturaleza, sino que son modelos matemáticos y geométricos que se aproximan con bastante exactitud a esa realidad.

Accedemos al entorno a través de nuestros sentidos. Como entes sensibles que somos, la información nos llega a partir de las emociones que generan nuestras reacciones biológicas correspondientes. Es por esto que el autor habla de Geometría Sensible cuando se refiere a lo anteriormente explicado. Así pues, en este capítulo se repasan las diferentes morfologías del mundo biológico y físico en las que identificamos sistemas de proporción geométrica, aritmética o armónica, como son la simetría, la fractalidad, la espiral o la sinusoide. Estas formas no son arbitrarias sino que constituyen la manera más eficiente de generar vida, y puesto que el fin último es dejar la mínima huella ecológica en nuestro modo de habitar, nada más coherente que recurrir al imaginario de la naturaleza puesto que a ella pertenecemos.

En cuanto a la materia, no escogemos los materiales naturales por simple capricho o por la moda actual de poner el prefijo bio- o eco- a cualquier cosa vendible con las mejores intenciones comerciales; los materiales naturales, y especialmente la tierra, resultan los más idóneos a la hora de concretar y materializar esas morfologías orgánicas de la naturaleza biológica próxima, siendo así cómplices en esa eficiencia que las caracteriza en pos de la sostenibilidad. La tierra en la construcción natural constituye el material más importante y abundante en la mayor parte de las regiones del mundo por sus ventajas económicas, técnicas, socioculturales y ambientales. En este capítulo no solo se repasa la historia y las diferentes aplicaciones y técnicas de la construcción con tierra; la materialidad de una vivienda depende de sus aspectos físicos y constructivos en armonía con el clima, lugar, recursos, etc., pero también entra en relación directa con las corrientes culturales, las estructuras sociales y productivas, y con los ritos y mitos de un pueblo, hasta el punto de que la vivienda, como expresión de la arquitectura popular, origina y participa en la configuración de un universo simbólico que confiere identidad a una comunidad específica: “La utilización de un material que implique una morfología, es más que la simple concreción de un deseo: es hacer prosperar la memoria e identidad de una sociedad estrechamente involucrada en su universo simbólico”. (Pág 144)

Todo acto creativo y constructivo que implique la acción de habitar, no puede estar dirigido ni pensado para otra cosa que no sea el ser humano, en su versión no separada, sino integrada como individuo, familia, comunidad, naturaleza. Implica además al arquitecto y al constructor profesional, siendo su objetivo el procurar la mayor independencia posible de familias o grupos sociales de escasos recursos económicos para acceder a una vivienda digna, y para ello deben potenciar otros recursos como los humanos, los sociales y los ambientales, sin olvidar por supuesto el rigor y la mejor calidad posible a la hora de proyectar y edificar.

Para ello es necesario un diálogo horizontal entre las partes, siendo la propuesta del autor el proyecto participativo como metodología de proyecto, capaz de integrar todos los agentes implicados, como los sociales, desde el inicio del proceso hasta su puesta en obra y su mantenimiento. En definitiva, se persigue que las personas dispongan de instrumentos y técnicas sencillas y eficaces para la concreción de una vivienda digna, dependiendo lo más mínimo, dentro de lo posible, de mano de obra cualificada que aumente los costos tanto en proyecto como en obra. Una de las formas de independencia en el habitar es la autoconstrucción, aunque es recomendable disponer del asesoramiento profesional adecuado; o bien la participación de la familia durante el proceso de construcción o de alguna de sus fases, para disponer de conocimientos técnicos básicos para el futuro mantenimiento de su vivienda.

La arquitectura popular, especialmente en tierra, supone un valor añadido desde un punto de vista estético/filosófico. En el contexto de la autoconstrucción y diseño participativo, la obra de arquitectura en tierra se reviste de juego, símbolo y fiesta; juego donde se mezcla el rito, el canto, la danza, un compartir emociones, un aprender haciendo; donde cada individuo hace uso de su pensar creativo rellenando de contenido simbólico su aportación a la obra, y en definitiva su conformación estética; y donde las leyes que operan son las propias de la complejidad humana, inseparables del azar y la incertidumbre: “Los arquitectos son todos aquellos que proyectan espacios jugando y aportando símbolos que se reconocen en una fiesta colectiva.” (Pág 207)

Como vemos, la arquitectura es algo más que lo que se enseña en las escuelas técnicas, es algo más que lo que entendemos o dejamos de entender en esas discusiones de gafapastas bien vestidos en las bienales de arquitectura. Necesitamos de plantearnos y replantearnos nuevas propuestas, y más en estos días de sobrepoblamientos, crisis migratorias, dificultad de acceder a una vivienda digna siendo ésta un derecho establecido. Va más allá de la simple defensa del medio ambiente: la naturaleza biológica a la que pertenecemos nos puede brindar soluciones simples, eficientes, bellas, donde los usuarios son creadores y co-creadores. No es simplemente defender el medioambiente pintados de verde, es que funciona mejor si interconectamos nuestras acciones con su potencial. Sólo observando cómo funciona nuestro cuerpo/máquina ya resulta fascinante. Todos somos arquitectos, más bien arquitectos descalzos, y tenemos el derecho y la responsabilidad de concretar el espacio que deseamos habitar como seres vivos, como mamíferos.

ARESTA, M. (2014). Arquitectura Biológica. La vivienda como organismo vivo. Buenos Aires: Diseño Editorial.

 

 

 

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