Talleres de bioconstrucción en el Bajo Casamance
Thionk Essil: un pueblo entre manglares y bosques sagrados
Thionk Essil es una pequeña comuna urbana del departamento de Bignona, en la región de Ziguinchor, al sur de Senegal, en plena Casamance: una franja verde y húmeda entre el Atlántico y los manglares del río, donde arrozales, palmerales, bosque y canales organizan la vida al ritmo de las mareas. La mayoría de la población pertenece al pueblo jola (o diola), con una cultura profundamente ligada a la tierra, el agua y el bosque, y una vida comunitaria donde la música, la danza y los rituales siguen ocupando un lugar central.

Un proyecto de Foundawtion; Bajankusoor
En este contexto, Foundawtion lleva años impulsando proyectos educativos en Thionk Essil. Todos los proyectos de la fundación están diseñados por Daw Office, integrando arquitectura, contexto local y objetivos sociales desde su concepción.
Su primer gran proyecto en la zona fue el CEM Kamanar, un centro de educación secundaria concebido para aliviar la saturación de las escuelas existentes y, desde el inicio, construido implicando a la propia población local como albañiles, carpinteros, fontaneros o electricistas.
La fundación trabaja ahora en el nuevo Centro de Formación Profesional Bajankusoor, también en Thionk Essil, pensado para acoger a cientos de jóvenes que podrán formarse en distintos oficios: metalistería, carpintería, técnicas de construcción, alimentación, etc.
Nuestros talleres de bioconstrucción se insertan en esa trayectoria: no llegan como un evento aislado, sino como una pieza más de un proceso a largo plazo que combina arquitectura, educación y desarrollo local.
La formación como motor de desarrollo
Los talleres que realizamos en Thionk Essil fueron financiados por la GIZ (Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit), la agencia alemana de cooperación internacional, que trabaja en Senegal desde finales de los años 70 apoyando, entre otras cosas, la formación profesional y el empleo juvenil.
La organización y gestión de la formación estuvo a cargo de Nomadaw, una empresa local, reforzando así el anclaje territorial del proyecto y la transferencia real de capacidades. Este trabajo conjunto entre GIZ, Nomadaw, Foundawtion y Daw Office permitió articular una formación directamente vinculada a las realidades locales.
El objetivo no era solo “enseñar técnicas”, sino contribuir a:
-
- Fortalecer competencias locales en oficios vinculados a la construcción.
-
- Generar oportunidades económicas, especialmente para jóvenes y mujeres.
-
- Conectar la formación práctica en obra con los futuros programas del Centro de Formación Profesional.
En otras palabras: que lo aprendido en estos días no se quedara en una anécdota exótica, sino que pudiera transformarse en capacidad instalada, trabajo y autonomía.
Carpintería estructural con maderas locales
La primera parte del programa estuvo dedicada a la carpintería en obra con maderas locales, coordinada por el carpintero y docente de okambuva Diego Albizu.
Durante el taller trabajamos:
-
- Selección, escuadrado y preparación de tablas y listones procedentes de aserraderos de la zona.
-
- Diseño y montaje de estructuras ligeras para huecos de ventanas y puertas, así como elementos de tabiquería interior.
-
- Ensamblajes sencillos pero precisos (encajes, arriostramientos, rigidizaciones) pensados para poder ser replicados por equipos locales con herramientas básicas.
-
- Integración de estas estructuras dentro del propio edificio en construcción, conectando la parte formativa con necesidades reales de la obra.
La idea era mostrar cómo, con madera local y buenos criterios de diseño, es posible resolver de forma limpia y robusta muchos elementos de la arquitectura cotidiana, sin depender de sistemas industriales.
Bambú, tierra y fibra con un grupo de 30 mujeres
En paralelo, Celina Pernigotti y Alejandro López, arquitectos, bioconstructores y docentes de okambuva, facilitaron los talleres de tierra y fibra, dirigidos principalmente a un grupo de unas 30 mujeres del pueblo.
Con Celina nos centramos en:
-
- Las tierras y áridos locales: arcillas, arenas, restos de conchas trituradas y otros materiales disponibles en el entorno.
-
- Distintas fibras: cáscara de coco, paja triturada, hoja de palmera y otras fibras vegetales.
-
- Ensayos de mezcla para entender plasticidad, retracción y resistencia de diferentes morteros y adobes.
-
- Fabricación de ladrillos de tierra cruda, algunos más densos y otros ligeros y aislantes, incorporando fibras.
-
- Técnicas como los rollizos de tierra, la paja encofrada o sistemas tipo quincha.
-
- Ejecución de un tramo de muro de fachada en obra, en una estructura preparada por Diego en un taller anterior, completando un elemento real del futuro centro. Esa pared, levantada por sus manos, quedará como huella física de su participación en el proyecto.
En una segunda línea de trabajo, vimos el uso de bambú y fibras vegetales en estructuras ligeras:
-
- Selección y preparación de cañas de bambú.
-
- Uso de una herramienta sencilla “parta cañas”, fabricada con herreros locales a partir de acero reciclado, para abrir y seccionar las cañas.
-
- Ensamblajes con clavijas de bambú y atados con tiras de neumático y cámaras de bicicleta reutilizadas, que se convierten en cuerdas de gran resistencia.
-
- Ejecución, junto al equipo, de una estructura recíproca de cubierta y otros elementos ligeros que sirven como sombrajes y espacios de encuentro.
Para el equipo de okambuva, fue especialmente emocionante ver, a lo largo de los días, el protagonismo absoluto de esas mujeres en el trabajo: tomando decisiones, proponiendo soluciones, corrigiendo mezclas y con una gran autonomía y capacidad de trabajo en equipo.
Creatividad tecnológica
A lo largo de los talleres incorporamos también nociones básicas de matemáticas y geometría aplicada a la obra, trabajando siempre desde lo práctico:
-
- Uso del famoso triángulo 3-4-5 para comprobar ángulos rectos y trazar escuadras sobre el terreno.
-
- Cálculo de diagonales para verificar la escuadría de marcos y estructuras.
-
- Empleo de niveles de agua y plomadas (también fabricadas con piezas de hormigón y cuerda) para asegurar verticalidad y horizontalidad.
Además, hicimos mucho hincapié en lo que podríamos llamar “creatividad tecnológica apropiada”: aprender a fabricar nuestras propias herramientas con materiales reciclados (cuchillas con hojas de repuesto, empuñaduras de caña, mangos con neumáticos, etc.) y a diseñar procesos constructivos adaptados a la realidad local.
Ese enfoque despertó un entusiasmo especial: no se trataba de traer una “caja de soluciones” cerrada, sino de abrir una puerta para que cada cual pudiera seguir inventando sus propios recursos.
Música, baile y obra: cuando el ritmo también construye
Uno de los grandes regalos de esta experiencia fue el aporte musical de la comunidad. En Casamance la percusión y la danza no son un “extra” folklórico, sino una forma cotidiana de organizar la vida social.
Durante muchos momentos del taller, aparecían cantos y bailes que se mezclaban con el trabajo en obra. Ese ambiente aligeraba el cansancio físico, favorecía la coordinación espontánea del grupo y convertía el trabajo colaborativo en una especie de coreografía colectiva.
Podríamos decir que lo que construimos está literalmente impregnado de ese ritmo: la música ayudaba a sostener la atención, a marcar tiempos, a celebrar cada avance.
La vida en el campamento: hospitalidad y aprendizaje diario
Otro aspecto fundamental fue la acogida en el campamento y en el pueblo. Compartimos alojamiento sencillo pero más que suficiente para vivir y trabajar, comidas elaboradas con productos locales, que nos permitieron descubrir la riqueza de la gastronomía del Bajo Casamance, y paseos y conversaciones informales con vecinas, vecinos, muchos niños y trabajadores de la obra.
Llevar la formación hasta Thionk Essil no solo tiene un valor pedagógico: activa la economía local, utilizando la infraestructura del campamento, generando ingresos en manutención, alojamiento y servicios, y poniendo en circulación recursos que se quedan en el territorio. Un taller de 10–16 personas durante una semana puede tener un impacto directo y visible en la vida cotidiana del lugar.
La mirada amiga: un archivo vivo de la experiencia
Durante todo el proceso nos acompañó como fotógrafa Vero Navarro, cuya presencia fue mucho más que la de una “documentalista” externa.
Su trabajo registró los procesos constructivos, los detalles de las manos trabajando la tierra, la caña, el bambú. Captó gestos, miradas, momentos de risa, de concentración y de cansancio compartido y ayudó a las propias participantes a verse a sí mismas como protagonistas de una historia mayor, al mostrarles las imágenes día a día.
Ese archivo gráfico será clave para comunicar el proyecto, para futuras formaciones y también para que la propia comunidad pueda reconocerse en lo construido.
Más allá de los talleres: propuestas de futuro
De vuelta a casa, y también allí mismo sobre el terreno, fue inevitable empezar a imaginar cómo continuar este camino:
-
- Encajar algunos de nuestros talleres anuales de bioconstrucción dentro del programa del Centro de Formación Profesional de Thionk Essil, en coordinación con el Instituto Iscles, centro de bioconstrucción.
-
- Ofrecer paquetes formativos en Senegal abiertos a personas de Europa interesadas en la bioconstrucción, que se inscriban, viajen, aprendan y aporten trabajo en obra junto a equipos locales.
-
- Diseñar, a medio plazo, una especie de “brigada formativa” de técnicos y oficiales que combinen aprendizaje y ejecución en proyectos concretos.
-
- Explorar fórmulas de intercambio para que jóvenes, con la gestión y apoyo del entorno de Foundawtion, puedan venir a España a formarse durante unos meses en obras reales con nuestro equipo, generando un ida y vuelta de experiencias.
En lo inmediato, nuestra propuesta a Foundawtion es clara: seguir organizando talleres y cursos en los próximos años, invitando a bioconstructoras y bioconstructores europeos a sumarse al trabajo en Thionk Essil, siempre desde el respeto a los ritmos y prioridades locales.
Para quienes quieran iniciarse o profundizar en estas técnicas más cerca de casa, okambuva y el Instituto Iscles ofrecen un calendario estable de cursos y talleres de bioconstrucción en España.
Próximo taller – inscripción abierta
Una experiencia de cooperación y hermandad
Si tuviéramos que condensar todo lo vivido en una sola idea, sería esta:
más que un curso de construcción, fue un ejercicio de cooperación, hermandad e intercambio cultural.
Derribando las barreras de idioma, logramos entendernos con las manos, con los ojos, con el cuerpo y compartir técnicas, trucos y saberes de ida y vuelta. Reforzar la autoestima de quienes participaron, especialmente las mujeres, al ver materializado en muros y estructuras el resultado de su trabajo.
Nos fuimos de Thionk Essil con la sensación de que los talleres habían sido solo el comienzo; de que, en realidad, lo que estábamos construyendo juntos no eran solo ladrillos y estructuras de caña, sino relaciones, confianza y futuros posibles.


A sido emocionante leer todo el contenido.Lo que hacéis es muy importante y como lo hacéis maravilloso.
He llegado a vuestra pagina por casualidad, me ha gustado mucho, inspirado mucho. Estoy buscando a reconectar con el mundo de la decoracion ( he trabajado 10 años como pintora/decoradora en US). Pero son 20 años que me aleje de esa passion que tengo por la decoracion, los colores, y me gustaria reconectar con ello de manera sostenible y natural.
Pero creo que lo que estas haciendo esta mas apropiado para jovenes: Yo tengo 57 años y aunque mi cuerpo los tiene, mi espiritu esta siempre buscando a aprender, descubrir, y experimentar.
Un aplauso a vuestro movimiento!!!!
hola patricia, gracias y mucho ánimo, la mitad de nuestro equipo es mayor que tú, así que no creo que la edad sea un problema